dijous, 23 de juliol de 2009

Guerra interna

Todo dependía de él. Y era consciente de ello, no le faltaba valor para hacerlo. Si ganar aquella batalla terminaría con el sufrimiento de todos, él la libraría. Era una guerra consigo mismo, una guerra que lo salvaría de la locura, una guerra que los salvaría a todos: él lo sabía. Se miró al espejo de aquel pequeño lavabo y su reflejo sonrió: no serás capaz de hacerlo, le dijo. Mientras su reflejo sonreía ámpliamente, su cara física se desencajó. Y entre lágrimas de despedida, mirando su reflejo que seguía sonriente... ¡PUM!

Sí, lo hizo, apretó el gatillo.